Microbiota intestinal y salud mental
¿Qué es el DHA y por qué es tan importante?
El DHA es un ácido graso poliinsaturado de cadena larga (22:6 n-3), caracterizado por la presencia de seis dobles enlaces. Esta estructura le confiere una alta flexibilidad, lo que permite modular la fluidez de las membranas celulares y optimizar la función de proteínas clave como receptores, canales iónicos y enzimas involucradas en la señalización neuronal.
El interés por el DHA omega-3 ha crecido en nutrición clínica debido a su participación en procesos esenciales del sistema nervioso, incluyendo la neurotransmisión, la plasticidad cerebral y la función visual, lo que lo posiciona como un nutriente clave para la salud cognitiva a lo largo de la vida.
¿Cómo actúa el DHA en el cerebro?
El cerebro humano presenta una alta concentración lipídica, y el DHA representa aproximadamente entre el 10% y 15% de los ácidos grasos totales en la materia gris. Su papel no es meramente estructural: influye directamente en la funcionalidad neuronal.
A nivel de membrana, el DHA incrementa la fluidez y modula la organización de microdominios lipídicos (rafts), lo que impacta la actividad de receptores, canales iónicos y proteínas de señalización. Este entorno favorece una neurotransmisión más eficiente y procesos como la sinaptogénesis y la plasticidad neuronal.
Además, el DHA participa en mecanismos bioactivos clave:
- Integridad y comunicación neuronal: al incorporarse en fosfolípidos como la fosfatidilserina y fosfatidiletanolamina, favorece la estabilidad estructural y la transmisión sináptica.
- Producción de mediadores especializados: es precursor de docosanoides como la neuroprotectina D1 (NPD1), con propiedades antiinflamatorias, antioxidantes y neuroprotectoras, relevantes en la homeostasis cerebral.
- Regulación de procesos neurobiológicos: interviene en la expresión génica asociada a neurogénesis, supervivencia neuronal y respuesta al estrés oxidativo.
- Envejecimiento cerebral: diversos estudios han asociado niveles adecuados de DHA con mejor desempeño cognitivo y menor acumulación de biomarcadores relacionados con deterioro neurocognitivo, como la hiperfosforilación de la proteína tau.
La conexión corazón-cerebro: dos sistemas interdependientes
La función cerebral depende estrechamente del estado del sistema cardiovascular. La perfusión cerebral adecuada garantiza el suministro constante de oxígeno, glucosa y otros nutrientes esenciales para la actividad neuronal.
En este contexto, el DHA ejerce efectos complementarios:
- Modulación lipídica: contribuye a la reducción de triglicéridos plasmáticos.
- Función endotelial: mejora la biodisponibilidad de óxido nítrico, favoreciendo la vasodilatación.
- Elasticidad vascular: ayuda a preservar la compliance arterial.
- Estabilidad eléctrica cardíaca: participa en la modulación de canales iónicos, reduciendo la susceptibilidad a arritmias.
Estos efectos, ampliamente documentados por organismos como la American Heart Association, refuerzan la relación bidireccional entre salud cardiovascular y función cognitiva.
¿En qué alimentos se encuentra el DHA?
Fuentes naturales
El DHA dietario proviene principalmente de ecosistemas marinos:
Pescados grasos: salmón, sardina, caballa, arenque, atún y trucha.
Mariscos: especialmente moluscos como ostras.
Microalgas: fuente primaria de DHA en la cadena trófica, relevante en dietas vegetarianas.
La American Heart Association recomienda el consumo de al menos dos porciones de pescado graso por semana como parte de un patrón alimentario cardioprotector.
Alimentos o productos adicionados
Ante una ingesta limitada de productos marinos, los alimentos fortificados representan una alternativa viable. Productos como leches adicionadas con DHA, aceites vegetales como Nutrioli Protect Mente el único adicionado con DHA permiten incrementar su consumo de forma práctica, especialmente en etapas de mayor demanda fisiológica o en poblaciones con baja ingesta de pescado.
¿Cuánto DHA se recomienda consumir?
En México no existe una recomendación oficial específica para la ingesta de DHA. Sin embargo, organismos internacionales como la OMS y la FAO establecen como referencia un consumo de 250 a 500 mg diarios de EPA y DHA combinados en adultos sanos, cantidad asociada con beneficios en la salud cardiovascular y metabólica.
En etapas como el embarazo y la lactancia, los requerimientos de DHA aumentan debido a su papel en el desarrollo neurológico y visual del feto y del lactante. En estos casos, se recomienda asegurar un aporte adicional de al menos 200 mg diarios de DHA, preferentemente a partir de fuentes directas.
Por otro lado, el Institute of Medicine (IOM) establece ingestas adecuadas para el ácido alfa-linolénico (ALA), de 1.6 g/día en hombres y 1.1 g/día en mujeres. Este actúa como precursor metabólico de los omega-3 de cadena larga. No obstante, debido a la baja eficiencia de conversión de ALA a DHA en el organismo, estas recomendaciones no sustituyen la necesidad de obtener DHA preformado a través de la alimentación o de productos adicionados.
En este contexto, integrar fuentes accesibles de DHA en la dieta cotidiana puede ser una estrategia práctica, especialmente en poblaciones con bajo consumo de pescado. Opciones como el aceite Nutrioli Protect Mente, permiten contribuir a la ingesta de este nutriente sin modificar de forma significativa los hábitos alimentarios.
Dado que los requerimientos pueden variar según la alimentación, el estado de salud y la etapa de vida, la evaluación individual por parte de profesionales de la nutrición permite ajustar la ingesta de forma más precisa.
Factores que pueden afectar los niveles de DHA
El estado de DHA en el organismo no depende únicamente de la ingesta. Existen factores que pueden comprometer su biodisponibilidad o síntesis:
- Edad: disminución en la actividad de enzimas como la Δ6-desaturasa.
- Alimentación: alto consumo de grasas trans y saturadas.
- Estilo de vida: sedentarismo y tabaquismo.
- Estado nutricional: deficiencias de micronutrientes cofactores (zinc, magnesio, vitamina B6).
Estos elementos deben considerarse en la evaluación nutricional, especialmente en poblaciones con mayor riesgo de ingesta inadecuada.
Consideraciones finales sobre el consumo de DHA
Más que centrarse únicamente en una cifra diaria, el enfoque en DHA debe considerar la calidad de la dieta en su conjunto y la presencia de fuentes biodisponibles de omega-3. La evidencia actual coincide en que su consumo regular se asocia con beneficios en la función cardiovascular y cognitiva, particularmente en etapas clave del ciclo de vida.
En este sentido, la combinación de fuentes naturales y alternativas adicionadas puede facilitar el cumplimiento de las recomendaciones internacionales, adaptándose a distintos patrones de alimentación y contextos individuales.
Referencias bibliográficas
- Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO), & World Health Organization (WHO). (2010). Fats and fatty acids in human nutrition: Report of an expert consultation. https://www.fao.org/3/i1953e/i1953e.pdf
- Institute of Medicine (US). Panel on Macronutrients. (2005). Dietary reference intakes for energy, carbohydrate, fiber, fat, fatty acids, cholesterol, protein, and amino acids. National Academies Press. https://doi.org/10.17226/10490
- American Heart Association. (2018). Fish and omega-3 fatty acids. https://www.heart.org