Vitaminas para reforzar el sistema inmune

Vitaminas para reforzar el sistema inmune

Vitaminas A, D y E: funciones, fuentes e impacto en el sistema inmune

 

El sistema inmunológico depende de múltiples factores para funcionar de manera óptima, y la nutrición es uno de los más determinantes. Entre los micronutrientes con mayor evidencia en la modulación de la respuesta inmune se encuentran las vitaminas A, D y E, micronutrientes con funciones específicas y complementarias dentro del sistema de defensa del organismo.

Vitaminas para reforzar el sistema inmune

 

Vitamina A: barrera de entrada y regulación inmune

 

La vitamina A cumple un papel estructural y regulador dentro del sistema inmunológico. Participa en el mantenimiento de la integridad de las mucosas, primera línea de defensa frente a patógenos, y es indispensable para la diferenciación y función de células inmunitarias como los linfocitos T y B, los macrófagos y las células NK.

Su forma activa, el retinol, interviene en la producción de anticuerpos y en la regulación de la respuesta inflamatoria. El betacaroteno actúa como precursor que el organismo convierte en vitamina A según sus necesidades.

 

Fuentes alimentarias de vitamina A

 

Se encuentra en hígado, yema de huevo, lácteos enteros y pescados grasos en su forma activa. Como provitamina A, está presente en zanahoria, camote, calabaza, mango, papaya y vegetales de hoja verde oscuro.

 

Ingesta diaria recomendada de vitamina A (RAE)

 

El IDR para vitamina A en adultos es de 900 µg RAE (Retinol Activity Equivalents) en hombres y 700 µg RAE en mujeres. Las necesidades aumentan durante el embarazo y la lactancia. La evaluación del consumo debe considerar tanto las fuentes de retinol como las de provitamina A, de acuerdo con los valores de referencia establecidos por el Institute of Medicine (IOM).

Consecuencias de la deficiencia de Vitamina A

La deficiencia de vitamina A compromete la integridad de las mucosas respiratoria, digestiva y ocular, aumentando la susceptibilidad a infecciones.

Se asocia con deterioro de la respuesta de anticuerpos, mayor severidad de enfermedades infecciosas y, en casos graves, con xeroftalmia y ceguera nocturna. A nivel global, es una de las deficiencias de micronutrientes con mayor impacto en salud pública.

 

Vitamina D: modulación inmune y respuesta antiinflamatoria

 

Además de su rol en la salud ósea, la vitamina D tiene un papel relevante en la respuesta inmune. Su forma activa regula la expresión génica en células del sistema inmune, estimula la producción de sustancias antimicrobianas y contribuye al equilibrio entre la inmunidad innata y adaptativa. Sus receptores están presentes en prácticamente todas las células inmunológicas, lo que explica su amplio impacto en la defensa del organismo.

 

Alimentos y fuentes de vitamina D

 

La principal fuente de vitamina D es la exposición al sol, que activa su producción en la piel. En la alimentación, se encuentra en pescados grasos como salmón, atún y sardina, yema de huevo e hígado. Dado que las fuentes alimentarias naturales son limitadas, los alimentos adicionados adquieren especial importancia para cubrir los requerimientos en contextos donde la exposición solar es insuficiente.

 

Ingesta diaria recomendada de vitamina D

 

El IDR para vitamina D en adultos es de 15 µg (600 UI) diarios, con un incremento a 20 µg (800 UI) a partir de los 70 años. La deficiencia es prevalente en poblaciones con escasa exposición solar, adultos mayores y personas que siguen regímenes alimenticios muy restrictivos. (UpToDate, 2025).

 

Consecuencias de la deficiencia de vitamina D

 

La deficiencia de vitamina D se asocia con mayor susceptibilidad a infecciones respiratorias y un sistema inmune menos eficiente para responder ante amenazas. También se vincula con mayor riesgo de enfermedades autoinmunes y, a nivel óseo, con debilitamiento del hueso en adultos y raquitismo en niños. Es una deficiencia frecuente en la población general y representa un factor que puede mejorarse con intervención nutricional.

Vitamina E: protección celular y soporte a la respuesta inmune

La vitamina E es el principal antioxidante liposoluble del organismo y protege las membranas celulares del daño oxidativo, preservando la funcionalidad de las células inmunitarias. Además, favorece la proliferación de linfocitos T y mejora la actividad de las células NK.

Su papel antioxidante es especialmente importante durante procesos infecciosos, cuando el estrés oxidativo aumenta de forma considerable.

Fuentes alimentarias de vitamina E

 

La vitamina E se encuentra principalmente en aceites vegetales, semillas, nueces, almendras, avellanas, cacahuates, aguacate y algunos vegetales de hoja verde.

> Ingesta diaria recomendada de vitamina E (α-tocoferol)

El IDR para vitamina E en adultos es de 15 mg de alfa-tocoferol al día. Su absorción depende de la presencia de grasas en la alimentación, por lo que su consumo junto con fuentes de grasas saludables favorece su aprovechamiento (IOM, 2000).

Consecuencias de la deficiencia

La deficiencia de vitamina E, aunque menos frecuente en población general, se asocia con deterioro de la función inmune, mayor daño oxidativo en células inmunitarias y reducción en la respuesta de linfocitos. Se observa con mayor frecuencia en personas con síndromes de malabsorción o dietas muy bajas en grasas.

La importancia de los alimentos adicionados en la cobertura de micronutrientes

Cubrir los requerimientos de vitaminas A, D y E exclusivamente a través de fuentes alimentarias convencionales puede resultar insuficiente en ciertos contextos clínicos y poblacionales. Los alimentos adicionados representan una estrategia nutricional respaldada por organismos internacionales de salud para reducir brechas de micronutrientes en la población.

El Aceite Nutrioli Protect Defensas es un aceite adicionado con vitaminas A y D y por su origen natural contiene vitamina E, lo cual ayuda a que se integren fácilmente en la alimentación diaria, contribuyendo a cubrir el aporte de estos micronutrientes sin requerir cambios en los hábitos del paciente.

Consideraciones para la práctica nutricional

La evaluación del estado nutricional en relación con la inmunidad debe considerar el consumo de estas tres vitaminas de forma conjunta, dado que sus mecanismos de acción son complementarios. Una deficiencia en cualquiera de ellas puede comprometer la respuesta inmune de forma significativa, incluso cuando los demás parámetros nutricionales sean adecuados.

La orientación hacia fuentes alimentarias variadas, complementada con alimentos adicionados cuando el contexto clínico lo justifique, constituye una estrategia integral para apoyar la función inmunológica a través de la nutrición.

Referencias bibliográficas

 

  1. Calder, P. C. (2020). Nutrition, immunity and COVID-19. BMJ Nutrition, Prevention & Health, 3(1), 74–92. https://doi.org/10.1136/bmjnph-2020-000085
  2. Gombart, A. F., Pierre, A., & Maggini, S. (2020). A review of micronutrients and the immune system–working in harmony to reduce the risk of infection. Nutrients, 12(1), 236. https://doi.org/10.3390/nu12010236
  3. Prietl, B., Treiber, G., Pieber, T. R., & Amrein, K. (2013). Vitamin D and immune function. Nutrients, 5(7), 2502–2521. https://doi.org/10.3390/nu5072502
  4. Organización Mundial de la Salud (OMS). (2009). Global prevalence of vitamin A deficiency in populations at risk 1995–2005. WHO Global Database on Vitamin A Deficiency. https://www.who.int/publications/i/item/9789241598019
  5. Léger, C. S. (2025). Overview of vitamin D. En UpToDate. Wolters Kluwer. Última actualización: agosto 2025. Disponible para suscriptores en: https://www.uptodate.com/contents/overview-of-vitamin-d

 

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